Fúnebre

Eva Lucía Armas

Una luna vendida como una niña rota
después de un maleficio,
descansa la imprudencia de su vestido inútil
desgarrado de agua
en la costas del día que no llega.

Apenas hay espacio para la insensatez de cantos viejos
o de danzas sin música
en la interpretación violenta de lo mudo.

La luna que agoniza con la boca en el tiempo
ha comenzado los rituales sola.

Es la memoria intacta del olvido.

Es su sacerdotisa atea y refugiada
en las ruinas de un templo sin vestales.

Se consagra en la lágrima.

Agoniza.

Pero no muere nunca de su muerte.
Muere en silencio de otras muchas cosas.

Las promesas de amor le llegan tarde
como lo más inútil de la vida.

La mentira es tan triste como un pájaro
olvidado por Dios en una jaula.

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