Tierra: Un libro de Silvio Manuel Rodríguez Carrillo

Por Ruffo Jara

FICHA DEL LIBRO

Título: Tierra
Autor: Silvio Manuel Rodríguez Carrillo
Publicado: 2007
Género: Poesía
Editorial: LER
Idioma: Español
Páginas: 288
ISBN: 978-1-59754-298-2

En un época en que la humanidad vive muchos de los más bellos espejismos de su historia, surge TIERRA, sexto libro de poemas que nos ofrece Rodríguez Carrillo, en el que confirma una vez más su labor incesante, continua y extraordinariamente prolífica, y la fuente inagotable de donde extrae las más sorprendentes ideas y su visión particular y profunda de la realidad.

Dijo Bacon que el orden verdadero en el que tiene que desarrollarse la experiencia, comienza con la instalación de una luz que muestra a continuación el sendero. En Tierra, continuación de una serie iniciada con Agua —y de trabajos anteriores— Rodríguez Carrillo va construyendo a lo largo de 100 poemas, un universo que ofrece, frase tras frase, infinidad de llaves que van abriendo las puertas a una luz distinta y las más de las veces poco deseada: la del esfuerzo, voluntad, sacrificio. Un sitio donde se combinan lo estético, lo misterioso, lo oculto, lo aparentemente contradictorio, el fondo y la forma… La crisis del hombre, la conquista de sí mismo a través de la lucha, la presión apenas sostenible, ese rozar el borde del precipicio sin temor a la caída, todo esto y más están presentes a lo largo del libro, cuya complejidad y la profundidad del mensaje vuelan a una altura a veces inalcanzable.

Dice: Lugar cruel y a su medida puro, sin huellas en su camino / Que siempre es de ida y así va más allá del siempre de una niebla. La TIERRA de Rodríguez es un lugar que sólo posee rastros de la senda oculta, que va develándose con cada espina que se clava en los pies, donde el camino es cada quién y la fuerza no viene de afuera sino de dentro. No existe retorno, sólo un continuo ir hacia adelante en un eterno volver a empezar, donde el esfuerzo genuino manifiesta la senda verdadera. El autor transita por derroteros sicológicos, emocionales, filosóficos en que se unen todos los hechos registrables, los sentimientos comunes, los ignorados, los escondidos.

Así, con una sutil sensibilidad para captar los entramados más complejos de la existencia, y valiéndose probablemente de su propia experiencia, de la fuerza de la historia, del hermetismo, de la kábala, de textos sagrados, va dejando ver el mensaje que guarda el observador: su tristeza, testigo de todo, visión lejana, morador en los confines del alma. El difícil puente que se construye en la persistencia y por el que todos habrán de pasar… No rehuye al dolor, porque sabe que es en el dolor donde se construye un corazón puro; ni al cansancio, pues en lo exhausto es donde nace la esperanza y en su agotamiento aprende sus reservas infinitas. La visión del poeta, ora centralizándose, ora descentralizándose, mirando y viendo: el pasado, el futuro, la continua posibilidad del ahora, la fortaleza de los que no sueltan la rienda. Acceder a la verdad para que surja el poder de la palabra que ayuda, alienta, fortalece… La cuerda tensa que fija y define la tensión de la vela / Que domina al viento cuyo origen jamás podrá conocer.

Ensaya con acierto formas de verso de luminosa elaboración,  encendido lirismo y profundidad, dando continuidad a sus historias —esta vez de tierra— ( pri hi d ti = primera historia de tierra, etc.) donde, a manera de campo de batalla, entabla una guerra total, una guerra de Rodríguez contra Rodríguez, donde la revolución de la vida personal es la apuesta a la que arriesga todo. Lo hará con otro, y a sí mismo habrá de dominar / Merced a su existencia, el verdadero precio del rescate. Estropeador de máscaras, el autor se ubica dentro y fuera del tiempo, en la tierra y fuera de ella, en las calles y en los templos, develando claves, abriendo nuevos surcos, nuevos campos de conciencia, esculpiendo la personalidad para hacerla un instrumento de su alma. Alquimia espiritual: crítico severo e implacable y tirano inflexible para con su propio ser.

Una atmósfera de tristeza rodea al libro, y a la vez de vitalidad y empuje, en un gran juego de luces y sombras que resalta lo esencial de cada momento y la intensificación de ener-gías mediante situaciones extremas. Rodríguez sugiere, señala, enseña, da el golpe de martillo y esgrime la espada para alinear nuestra atención en la dirección que él considera correcta, ofreciendo sus palabras que pudieran ser el hilo conductor que, a manera de hilo de Ariadna, sirvan para explorar sus laberintos sin miedo a no encontrar la salida. Ve masticando la fatiga en los ojos / E intenta intuir el altanero espasmo / Que en la furiosa y continua corriente de agua / Representa una isla, pequeña por ser manifestación / Enorme por a sí misma saberse.

En suma, un libro tan fértil como la misma Tierra, donde cada palabra, como semilla caída en el corazón, comienza a germinar desde el principio de la lectura. ◣

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