El mundo, el demonio y la carne, por Eva Lucía Armas

resolveré la vida enfrentando este miedo
y mataré los diablos con la mano en el alma

si no escribo habré muerto como una planta seca
en una macetita que se olvidó el vecino
en el décimo piso de una torre sin nadie
después de la mudanza que la dejó tan sola
en el sol de noviembre

yo no diré ¡ay de mí!¡que cálices amargos
pusiste en mi camino mientras buscaba agua
vida que me vivís, humanamente!

llevo la miel conmigo
el sol es siempre mi defensor y aliado
y en los rebordes del camino hay verdes

siempre escucho los pájaros
mis hijos están sanos
mi perro sobrevive a todos sus problemas
y después del pulgón
los pensamientos y las alegrías han florecido fuertes
ante la luz del este melancólico

yo sé que nací efímera en medio de los siglos,
que el demonio ha querido seducirme de prisa
y hacerme de su corte
que el mundo gira impávido en su peor frecuencia
y que la carne es apenas carne
apenas carne
apenas carne, putrecible carne, que se enferma y se muere

pero este ser que soy y que fue destinado a la batalla
es un idioma fértil
tan hijo de la luz que se deslumbra solo ante el espejo
y que nunca, jamás
se ve como una pobre y demacrada víctima

¿qué más puedo pedir?

ya me creció el cabello

Acerca de Eva Lucía Armas

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