No es lo mismo predicar que dar trigo, por Morgana de Palacios & Gavrí Akhenazi

De poco sirve hablar sin dar ejemplo
y aunque yo de ejemplar tengo bien poco,
lo mismo si se presta un ente loco,
ponemos una pica en este templo.
Hace tiempo que, ciega, no contemplo
paisaje alguno que me atraiga a orar,
ni escucho el salvajismo de algún mar
que me hable al oído del presente,
con la voz de resaca delincuente
que me apetece para conversar.

Morgana de Palacios

Yo sé que existe un título perdido
y que del mar al sol, todo es de piedra
y que lo incierto en el futuro medra
con su gesto de astuto compungido.
Yo sé que el tiempo tiembla malherido
y los versos están acorralados
como estatuas de sal, desintegrados
porque no hay escritores en Sodoma.
Hasta el último verbo se desploma
en la internet de los desangelados.

Gavrí Akhenazi

Yo sé que no hay futuro que nos mire
con ojitos de amante compasivo,
pero tanto me da, porque estar vivo
sin ilusión, no es algo que me inspire.
Algo sucederá cuando delire
que me devuelva el filo de escalpelo
de tanto verso escrito a contrapelo
por mi lengua que fue reina y señora
de un Internet feroz, no como ahora
que de cobardes se nos rompe el cielo.

Morgana de Palacios

Llegaron los pancartistas, los magníficos, los regios,
los que ostentaban coronas de diamantes y medallas
los que estaban en la cima de gloriosas atalayas
entre terciopelos rojos, floripondios, privilegios.
Recuerdo como aquel día, tanta manada de egregios
llegó pensando hacer roncha en nuestro modo de actuar,
en torcer para su ego nuestro honesto caminar
y arrodillar nuestra frente que no negocia bandera.
Con el culo de madera
se tuvieron que marchar.

Gavrí Akhenazi

Hoy es shabat ven conmigo
no te tardes
que has de estar libre de incordios.
No te mires el ombligo
mientras ardes,
ni toques los clavicordios
que musicalizan versos.
Búscame en el lado oculto,
en medio de este tumulto
de decimales perversos.

Acaríciame las dudas
que desnudas
mis palabras te abren puertas.
Te juro que están despiertas
casi crudas,
y la razón se amotina,
alucina.
Por tanto como te admiro
—dulce aire que respiro—
tu corazón me fascina.

Morgana de Palacios

Dulce aire no diría
más bien seco
como hecho de arena loca
que se destroza en tu ría
como un hueco
que en tu eco se provoca.
Háblame del maleficio
de tu mirada de mar
mientras soy ese lugar
donde soñar es propicio.

Si la razón se amotina
igual que una serpentina
desquiciada
y se levanta alunada
la pasión
prueba amurallar la suerte
porque no se quede inerte
a la deriva
tan sola y sin perspectiva
la boca del corazón.

Gavrí Akhenazi

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